Los efectos de
la pérdida auditiva o hipoacusia son sutiles, pero devastadores a
medida que avanza el tiempo. Es necesario comprender a fondo el
problema para poder enfrentarse a él. Ya en la infancia,
empezamos a reconocer sonidos y los relacionamos a un significado.
A medida que crecemos el sonido nos provee la base para nuestra
comunicación. Aprendemos palabras que nos sirven de símbolos
para describir cosas, ideas y mensajes. No podemos dejar de oír
ni cuando dormimos. Podemos cerrar nuestros ojos, pero no podemos
desconectar nuestros oídos. Generalmente el proceso de la pérdida de audición es lento, no se detecta en su comienzo y como resultado, se acepta rápidamente al ser fácil adaptarse. Pero con el tiempo y su agravamiento puede verse afectada la comunicación normal, la comprensión e incluso la habilidad de conversar claramente. Mientras más difícil y torpe se transforma la comunicación, el individuo se aleja más de la realidad, incluso la relación con amigos cercanos comienza a ser difícil. Esto puede conducir al deterioro de las relaciones personales y al desencadenamiento de problemas entre miembros de la familia. El tratar adaptarse puede dar como resultado una fuerte tendencia a aislarse aún más lo que aumenta los sentimientos de soledad en la persona. Por otro lado, los familiares pueden volverse impacientes o irritables. Para saber más sobre la hipoacusia consulte las siguientes páginas de la Fundación Canaria para la Prevención de la Sordera:
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